sábado, 23 de mayo de 2009

Eduardo Tapia.

Suspiro

Mármol, alivio y flores
Hálito de una realidad distinta
Plegarias elevadas, oraciones
Contemplando el eclipse y negra cinta

De odios, dulzura y misericordia
Almas revestidas por la huída
Mágica dádiva y a cambio discordia
Voluntad por la tristeza roída

Tiempo desvanece melancolía
También la restituye una y mil veces mil
Eterno ciclo de supremacía
Divino paso a los dinteles de marfil

Al llegar todo es verde y cristalino
Una apacible sensación de risa
Descubre un aroma amor numantino
Mientras los cautivos ritualizan

¿Me han de cautivar los sollozos?
Lágrimas egoístas y mala suerte
¿A quien agradeceré tantos gozos?
¿Dónde esta lo que mi cuerpo ya no siente?

Adrian Carrillo.

Impaciencia

Soy lo último que muere,
entregado a imposibles.

Ansiedad en proceso.

Expectativas que perecen
cegadas de invalidez

Letargo en proceso.
de un Quimérico final sin brío

Proceso involuntario.
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Apreciación

En sollozos sin ritmo
una vieja voz se alza;

amargo coro procede,
el lamento envuelve todo.

los visitantes sobran,
el anfitrión sigue estático

algunos se acercan
y dividen las miradas

ante el dolor la apatía
se hace visible.
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Sobre evocaciones

Espacios en blanco
recuerdan la ausencia

de lo inmemorable

El albor se disipa
en instantes pequeños,

efímeros y lejanos

No es el encierro
reclamando a lo vano

con interpretes de olvido.

Cecilia Carmona


No regresan las almas, solo se olvidan

El poeta esta salvo lejos
de toda complejidad,
cercano a la infortuna,
entre la soledad de su
tinta y el permiso de la
gloria, de su orgullo.

No tiene permiso, se cree
libre, se piensa débil y
sale por las calles. Sin
razón vuelve a su alma
arrebatada, pero vuelve.
Solo dice que vuelve.

Mientras tanto allá se nublan
miles de almas en rincones
dormidos, en telarañas
construidas sobre pilares
orgiásticos; imploran
encontrarse ¡Pobres!

Ellas mueren, en placeres
controlables te temen y
nunca llega su dicha, se
consuelan perdiendo con
demonios conocidos.

Se pudren en rezos
agradecidos y juran
encontrar la paz. Y
coronan mercados con
velas adormecidas.

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Entierro Constante

Sonido perpetuo que penetra mis días lúcidos
esperando una vaga alegría, inmortalidad ocasional,
calla brotes mi sepulcro, consuela muerte mis cenizas.
Oprimes recuerdos entre sedas calladas que
desvelan mis lamentos y entorpecen mis caricias.
Despierto hundido en protestas de mis dedos,
la humedad brota de nostalgia y el reflejo produce los llantos.
El aroma, goce perfecto, guarda tierras soñadas,
infiel consuelo de amarga voluntad.
Ausente mutilas la angustia de mis sufrimientos y
apagada la aventura de los atardeceres fragmentados,
se encierra la fortuna del domingo prudente, que
tranquiliza las noches flageladas entre las razones.
Oídos olvidan promesas enterradas, alas
temporales envuelven mi tristeza y, abandonado
en dolor, nace ilusión,
fuego,
destino,
palabra,
muerte.

Yukary Morales



Efímera creación.


I.
Artemis:
A tu alma cautivar lento
Mis palabras lleguen hasta a ti
Como una rafaga de viento.

Arion:
Mi otoño será la respuesta
Aguarda a que las hojas caigan,
...Del sol la ultima puesta.

II.
Artemis:
Que mis palabras no bastan sé
Más, tu espirutu de ellas goza.
Solo regicijo y clamor ofresco.

Arion:
Con que afán mi dolor ciñes
¡De los mas bellos Y perfectos colores
...Oh mi luna, todo lo tiñes!

III.
Artemis:
En tu camino de oscuridad
Muero por ser ardiente llama
Un refugio para la claridad.

Arion:
Pienso que ansio la soledad
Que a cada minuto me acompaña
Mundo cubierto de frialdad.

IV.
Artemis:
Al lado de las golondrinas...
Emprendan mis letras vuelo;
emigren a consolar tu desvelo.

Arion:
Donde te encuentras dime,
El destino de mi barca...
Navegar hasta a ti llegar.

V.
Artemis:
Un teatro oculto habitando,
Sobre el escenario mis sentidos,
Bajo el telón... mi esencia.

Arion:
Hoy sin rumbo para volver,
Loca estará nuestra brújula,
La razón nos hará perder.
VI.
Artemis:
Juntos a nuestro apogeo llegar
Hasta el instante en que...
Nuestra sed podamos saciar.
Arion:
De mis sueños música inventaré.
De tus deseos poesia intentaré...
¡Oh extremo universo nuestro!

Alma Leal

Hedor

Prestada confusión, telaraña de metal y de madera;
hoy que el fuego brama libre en este callejón
hay algún insecto que lo sigue y se deslumbra,
lo sigue y se calienta, sigue y se destroza;
tarde se aproxima algún éxodo ensayado
que comienza a entonar la antigua letanía,
anciana de pupilas llenas de ceniza,
y lúdica aparece pequeña, mutilada.

Nada es personal en esta esquina,
nada tiene que ofrecer legal y bondadosa
ronca, grita en un baile de locos
pero es una locura sin soledad y sin dueño,
aquí celebran funerales por la vida,
carcajada que presume de su ausencia,
cada cosa, cada gato, cada viejo,
comparten la simple imagen del recuerdo.

Ya noche las mujeres cierran sus ventanas,
huyen despavoridas de la noche con su hedor,
temen que las calles y los perros canten
bajo el censurado prisma de la realidad;
deja tus ilustres zapatos de tacón,
camina el suelo que de todos se disfraza,
regala un dorado trozo de tu otoño,
compra un luto fingido y búrlate llorando.

martes, 7 de octubre de 2008

Janice Tischler



Lo guardo bien
ese abrazo tuyo
que te saca el alma
y congela las horas
las malditas horas...

miércoles, 1 de octubre de 2008

Karime Sáenz

Reflejos


Entre ventanas de cristales
nos conocimos un poco,
en la primavera de mi sed
junto al sol de tu hosco abismo.
Tú y yo a través del cristal
nos entregamos un poco,
un amor del primer asomo
una búsqueda de nuestro olor.
Acerca tu cara al cristal
frente al hueco de mi pupila
toquémonos como dos sólidos
hablémonos como madre e hijo.
Nunca destruyas la ventana
porque somos visiones breves
halos sutiles, transparentes
cristales limpios y frágiles
llenos de asomos y recuerdos;
sombras que aletean moribundas
gotas luminosas que luchan
por convertirse en seres reales.


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Pensamiento marchito.


Se desprende débil
como pétalo,
se desmorona en el suelo;
entre convulsiones
recorre pasadizos de ideas,
anacrónicas murallas,
conceptos que yacen presos.
En cada rincón,
un viento enfurecido,
detecta silencios
y en remolinos los aleja.
El pétalo ante el umbral
ríe del constante titubeo,
un hipo en la memoria
que pretende
la distorsión figurativa.
Gritos de cantos nocturnos,
visiones que nacen de ideas,
cabellos humedecidos
en manos secas.
Y en el final del túnel:
parpadeos que escupen al pétalo,
cae enmudecido al suelo
y esparce en el camino
su rojo rocío
convertido en espina.